Vivimos así tres largas semanas en la planta de neonatología en el día de la marmota :

Levantarse en casa a las 6, una hora de sacaleches, ducha y desayuno contrarreloj, corriendo al hospital a ver a mi niño, darle la toma de las 9, contemplarle dormido en la cuna hasta la de las 12 mientras me dicen que me salga de la habitación porque van a estar pasando médicos, sabiendo que lo despiertan para auscultarle o lo que sea, que si llora le ponen un chupete y una gota de sacarosa para calmarlo porque no lo pueden coger en brazos, unas porque no dan abasto y otras porque no les da la gana. Si digo que no me salgo de la habitación, entonces tengo que aguantar comentarios, caras, culpas, que me llamen rebelde, que tengo que pensar que mi niño es un cardiópata y está ahí donde mejor (yo ya empiezo a dudarlo), a las 12 otra toma, dejarlo dormidito y con el alma en un puño irme a casa corriendo para comer, volver a sacar leche y dormir una horita para poder seguir en pie por la tarde. Y corriendo de vuelta para estar con él por la tarde, ya sin médicos pero igual de agobiante, 20 personas en una habitación de 30 metros cuadrados con paredes de cristal. A veces llego y está tranquilo y entonces yo empiezo la tarde bien. Si veo que ha llorado, me vengo abajo y me pongo a llorar, y entonces a aguantar que me sermoneen con que tengo que descansar más, que esto no ha hecho más que empezar, que así no puedo estar... Así le doy otro par de tomas por la tarde (no sé ni cómo hemos podido instaurar la lactancia en estas condiciones), y vuelta a casa sin perder un minuto para cenar, volver a sacar leche y dormir 5 horas hasta el día siguiente, que vuelvo agobiada con que le han dado 3 biberones por la noche, solo uno de mi leche porque no tengo más, el niño con el bibe se agobia, lo pasa mal, sé que llora... cada vez le veo con menos fuerzas, y todos me dicen que es por su cardiopatía, pero yo siento que es de tanto estrés...
En la planta se respira mucho menos estrés, aunque hay aún algunas normas absurdas como no poder abrir la cama por el día… (y cuándo descanso yo, oiga?, y si me duele la episiotomía no me puedo tumbar? Y si no he dormido nada por la noche?....) o que solo se puede quedar un familiar por las noches… Por suerte y gracias a la colaboración del personal de la planta pudimos hacer excepciones, y eso nos permitió vivir este mes más tranquilos, recuperarnos del estrés de la neonatología y prepararnos para lo que vendría después, que también sería duro… Pudimos dormir allí los dos, yo en la cama, Javi en el sillón. Él descansaba por el día y luego, por la noche, se quedaba atento. Dormía a Diego, estaba pendiente de los pitidos de la máquina, y cuando el niño quería comer me despertaba, yo le ponía la teta y al acabar se lo volvía a dar para que lo durmiera. Así fue como yo pude descansar un poco en esos días… Las palabras se quedan cortas, Javi, para agracecerte todo el apoyo, todo el esfuerzo, eres el mejor padre del mundo, y la mejor pareja...
Fue un tiempo duro, pero fue un tiempo de recuperación, de relajarnos para enfrentar una operación que si nos pilla tres semanas antes nos hubiera hundido bien al fondo. De poder recibir visitas, de mil mensajes de ánimo al teléfono y al correo, toda la familia y los amigos volcados en enviar sus mejores energías… así estuvimos hasta que Diego tuvo un mes y medio.
Un día, por fin el médico nos dijo: ya tenemos día para la operación, será el lunes que viene.