Esto es lo que vivimos tras el parto que se puede leer aquí...
Aún tengo grabado el impacto de aquella sala en la que había 2 enfermeras y 8 cunas de cristal, con 8 bebés solitos… algunos llorando, braceando, otros dormidos cansados de hacerlo… la imagen de mi bebé chupándose el puño aún me hace llorar muchos meses después.
Se acabó el tiempo, allí no se puede estar, ya nos hemos colado demasiado rato… me suben a la habitación. Por primera vez veo desde el cristal las grandes torres que nos vigilarán hasta dentro de 3 meses. Tumbada en la cama, me dicen que tengo que esperar para levantarme, pero yo ya quiero bajar otra vez. Mi chiquitín está en la planta 3, yo en la 12. Me levanto al baño, me mareo, aún es pronto, pero a mí me falta mi niño en la tripa y en los brazos. Estoy agotada. Me consiguen una silla de ruedas y bajamos otra vez, cara rara porque allí no es lugar para visitas. Puedo estar con él otro ratito, pero estoy agotada, así que vuelta para arriba. Me traen esa rica cena de hospital, menos mal que mi madre me ha preparado la versión casera…
Ya no lo veo más hoy, necesito descansar esta noche, y a empezar a pelearme con el sacaleches. Estoy un poco perdida con el tema pero sé que tengo que empezar ya a estimularme las tetas para que pueda subir la leche. El momento “enchufada a una máquina colgada de las tetas, en una silla mirando a la pared” es horroroso. Las enfermeras me ayudan. Al menos en la maternidad saben de qué va la lactancia materna.
Llevo una paliza en el cuerpo que no me aclaro. No me duermo del dolor de todo que tengo, así que a mi pesar, me tomo el valium que me ofrecen y caigo roque. Por la mañana, todo es extraño, tardo en entender qué ha pasado. El tiempo es raro, allí en la planta pasa rápido y casi que ni me entero, pero mi bebé está solo abajo, y cada 3 horas le enchufan un biberón y no me van a esperar (ni a consultar, por cierto…) así que paso del desayuno y nos vamos para abajo. Al llegar a la sala esa, no está, se lo han llevado a otro box.
Con un nudo en la garganta entro en la nueva habitación, miro todas las incubadoras hasta que encuentro a mi niño, ahí está, solito, envuelto en toallas… al final te acostumbras a verlo, pero es realmente desolador el panorama en este lugar. Una habitación con 5 cunas, a través de las paredes de cristal se ven otras habitaciones iguales, cada cuna con un sillón de sky al lado con una madre compungida y dolorida. A veces el padre también en una silla en el mismo metro cuadrado. Grandes comodidades, y se jactan de decir que está abierto 24 horas, que puedes estar 24 horas con tu hijo… Mi episiotomía y ese sillón nunca se hicieron amigos.
Nos informan, nuestro niño está bien, le han hecho no sé cuántas pruebas, radiografías, analíticas, ecografías, yo-que-sé-prefiero-ni-pensarlo… tiene una cardiopatía aislada, nada más. La cardiopatía, no requiere nada por ahora, sólo observación. Ellos lo llaman así, “observación”, yo lo llamaría “separación”. Un cablecito le sale de un pie, pegado con esparadrapo y una lucecita roja como E.T, que mide la saturación de oxígeno en la sangre y parece que está bien.
En ese momento nos hablaban de “unos días”. No sabíamos que íbamos a vivir en aquel lugar tres semanas… Ese ambiente, ese olor, esas caras… no se me olvidarán nunca… creo que he pasado allí las tres peores semanas de mi vida. A mí ya me han dado el alta, así que empieza el ir y venir...
Hemos conocido allí a muchas personas, médicos, padres, bebés, y enfermeras… muchas enfermeras. Unas doscientas enfermeras y auxiliares rotan por los distintos box en los distintos turnos y días… al nuestro vienen cada día 6, algunas veces repiten, la mayoría no. Así que cada día tres veces la angustia de ver quién viene, quien quedará al cuidado de mi hijo cuando yo no esté. Hoy viene Irene, mi segovianita (o Laurita, o Domi, o Lola… contaditas…) uf, suspiro de alivio, hoy dormiré tranquila… mi niño estará bien atendido… lo cogerá si llora, lo acunará, lo tratará con cariño, procurará no darle glucosa para callarle, lo llamará con cariño, tendrá cuidado con los ruidos y las luces… Mierda, mira quién viene hoy (y no puedo nombrarlas porque hay taaaantas)… no me quiero ir, me quiero quedar con mi niño… sé que si esta noche llora no lo van a coger… lo van a envolver en toallas apretadas para que se calle, le darán una jeringa con glucosa, y le pondrán un chupete que tendrán que sujetar con otra toalla por delante para que no lo escupa… hoy no voy a poder dormir y mañana estaré aún más cansada y más nerviosa…
Mi pequeño está bien, sólo está en observación, pero está bien. Tendrán que operarle pero mientras tanto es un niño normal. Porqué entonces tengo que pedir permiso para cogerlo? Porqué tengo que pelearme con más de una para ser yo quien lo bañe por la mañana? Porqué tengo que aguantar malas caras si decido ponerle mis pañales ecológicos que compré hace meses en vez de la mierda plastiquera que les ponen allí? Porqué me tengo que salir cuando pasa el médico si lo único que hace es auscultarle y además mi hijo tiene derecho a estar acompañado en todo momento? Porqué nadie me ayuda cuando al segundo día de estar allí voy con las tetas a reventar en plena subida y me dicen que no le ponga al pecho en ese momento que no es la hora?
Aún me pregunto cómo en medio de todo aquello pudimos sacar adelante la lactancia. Hoy, 13 meses después, seguimos con ella... todo aquel esfuerzo mereció la pena...
Querido Doctor Hernández (usted es de esas personas que no tiene nombre, sólo apellido y siempre de usted, marcando las posiciones... nuestro caso le fue asignado a nuestro pesar, a su pesar)... No es usted consciente del daño que hace a cada familia con la que trata con esa prepotencia y esa soberbia. No es usted consciente del daño que hace a cada niño y a cada madre con los que trata, con su absoluto desconocimiento sobre lactancia materna y sobre las necesidades de contacto y piel con piel de un bebé recién nacido y más aún de los chiquitines que por desgracia tienen que pasar un tiempo en neonatología. Desconozco su capacidad y sus habilidades en cuanto a otros temas, pero tiene usted un suspenso terrible en empatía, en sensibilidad, en necesidades de los bebés y de las madres, en lactancia materna, que entiendo yo que también deberían formar parte de la neonatología. Sé que fui su pesadilla durante aquel tiempo, usted fue la mía. No está usted acostumbrado a que le pregunten el porqué de cada cosa que prescribe, a que le digan que prefiero otra cosa, que no me salgo, que no me voy a descansar, que no me salgo si solo va a auscultarle, que lo cojo porque es mi hijo y me da la gana y no lo dejo en la cuna como tantas veces me sugirió. Sólo le quedó etiquetarme de “rebelde”, fue su única salida… porque no podía rebatirme con argumentos. “Debería pasar menos tiempo aquí" (estorbando?), “sálganse por favor”, “deberían dejar que el niño se acostumbre a la cuna pues si le van a operar pasará mucho tiempo en ella…” (qué va, como le van a operar precisamente no necesita los brazos tanto o más que otros niños… debería usted actualizarse…)… Sé que fui su pesadilla, pero me alegro. Porque gracias a eso agilizó los trámites cuando le dijimos que queríamos irnos de aquel lugar, y nos trasladaron a pediatría mientras esperábamos la operación. Es lo único que le agradezco. Gracias a usted pude poner fin a las tres peores semanas de mi vida.
No sé cómo pude aguantar todo aquel tiempo. Supongo que tener a tu hijo en un lugar así hace que aguantes lo que sea. Nuestro caso allí no era ni mucho menos de los peores, desde aquí mando un abrazo a todos aquellos padres que conocimos allí en situaciones parecidas y peores, todos padres coraje… todos niños luchando por la vida… Y a los que cada día siguen llenando los servicios de neonatología...…
Y quiero agradecer también a mi madre y a mi hermana todo el apoyo que nos brindaron esos días, y a las chicas de EPEN y a toda la gente que nos mandó tantos mensajes de aliento que nos daban la vida al llegar a casa...
Así seguimos esperando la operación...